miércoles, 6 de octubre de 2010

LLEVO VEINTE AÑOS PERSEGUIDO POR FANTASMAS (y IV)

Había dicho que Ysaura y Aldo, para "entretenerse" más de lo que ya hacían, se deslizaron a mi dormitorio sin encomendarse ni a dios ni al diablo y sin decir palabra alguna. Y también que yo me encontraba atado de pies y manos porque había impuesto a Ysaura una contumaz relación de amistad conmigo, grande, pero libre de los compromisos propios de la relación amorosa y, en consecuencia, ni tenía derecho ni podía, si quería salvar mínimamente mi dignidad, expresar otra cosa que aprobación e incluso alegría porque dos grandes y buenos amigos encontraran entre si y recíprocamente la "felicidad".
En esos momentos me aproximé al conocimiento del infinito absoluto. Realmente las dos o tres horas que pasaron en mi dormitorio se me hicieron eternas y no sé cuantas veces pude oír en ese tiempo al Dylan y al Moustaki, cuyos discos repetía una y otra vez, tras amordazar muy finamente a la pelma con el pretexto (por otro lado cierto y conocido de mis amistades) de que cuando me pongo a oír música, sólo me gusta oír música (y absolutamente nada más).
Y por fin salieron los tórtolos del nido que me habían tomado... era sobre la una de la madrugada y todos comprendimos que ya debíamos reintegrarnos a nuestras respectivas casas. Refrescaba un poco, de modo que apetecía echarse un ligero suéter ("sweter", otro anglicismo escrito y leído a la española) sobre los hombros. Ni que decir tiene que como era el único que estaba en esa posibilidad, presté a Aldo y a Claudia una prenda y a Ysaura la mejor que tenía y por supuesto, Aldo y yo acompañamos a las chicas a sus casas, en mi Mini.
Regresados a casa, la despedida con Aldo fue el habitual "hasta mañana" que se suele pronunciar cuando ya van haciendo ganas de recogerse y no ha pasado nada. No dijo nada durante el trayecto de ida a dejar a las pibas, no dijo nada durante el trayecto de vuelta.
Sin entrar en detalles sobre todo lo que se me paso por la cabeza durante el resto de la noche, que pasé en vela, ese "hasta mañana" resultó ser utópico, pues no vi a Aldo ni a la mañana siguiente ni en los siguientes días, pocos, pues debía reincorporarse a sus tareas escolares. Pero no era nada raro que se produjera esa situación, porque desapariciones así ya las había convertido él en habituales. Ya me había repetido más de una vez la misma conducta: llegar él de La Unión, reencontrarnos, presentarle yo la niña de turno y desaparecer hasta las siguientes vacaciones, dejando como único medio para regar nuestra amistad el servicio postal.
Tampoco vi a Ysaura durante esos días, hasta dos o tres después de haberse marchado Aldo, convocándonos temprano una fresca y soleada mañana en la Plaza de Oriente, donde acudió con un montón de amigas (entre ellas la pérfida Claudia y también una tal Adelia, de quien más adelante hablaré), me devolvió ciertos discos que le había prestado y se negó en redondo, cortés pero fría y firmemente a que desayunáramos juntos, incluido su séquito, por supuesto. Eso sí, ante ese malísimo tiempo, yo seguía poniendo buena cara y le anuncié que esa temporada iría más a menudo por la casa de campo de mi familia, en un pueblecito de Guadalajara, por lo que tendríamos menos oportunidades de vernos.
Al poco, recibí una carta de Aldo, que me escribía como si no hubiera pasado nada. Carta a la que yo no contesté porque había decidido romper la amistad bajo el  pretexto de sus habituales desapariciones. Días después una segunda carta de Aldo ya tocaba el tema de Ysaura y me ofrecía deshacerse de ella si es que estaba molesto por lo sucedido. Sí contesté esa carta, diciéndole que Ysaura y yo éramos tan amigos como siempre y que no merecía mi amistad, no sólo por desaparecer del mapa una vez y otra vez, nada más haber obtenido de mi lo que pretendía, sino también por mercadear con mi amistad y los sentimientos de Ysaura... en fin, la cosa quedó muy fina y no volvimos a saber el uno del otro en muchos años.
Por supuesto, puse en conocimiento de Ysaura esa carta y la respuesta mía, a través de Adelia, pues tanto ella como yo nos evitábamos.
Y pasaron los meses.... llenos de largas noches de pena y agonía. Realmente tenía el corazón destrozado y no conseguía quitarme de la cabeza a Ysaura.... no me apetecía ni mirar a otras chavalitas, que no se por qué siempre revoloteaban a mi alrededor, sin entender nada de lo que me pasaba.
Llegué a aproximarme al autista que debí haber sido… sólo me perturbaba su recuerdo, cuando sucedió algo extraño: una tarde estaba estudiando en la biblioteca de la facultad cuando de pronto se presentó un hermano de Aldo y me entregó, de su parte y para devolver a Ysaura, una preciosa esclava de oro que ésta le había regalado. No hice preguntas y me limité a enviársela a través de Adelia, pero no comprendía el por qué ese encargo del usurpador.
Como un año después, en una fiesta, me encontré inopinadamente a Ysaura y a Adelia. No sabía cómo reaccionar y no sé cómo ni por qué, ya anocheciendo, me vi embarcado en mi auto con Adelia, Ysaura y otros dos compañeros y amigos, íbamos en total cinco rumbo a El Escorial, donde Bruno, uno de mis amigos tenía un enorme y lujoso chalet en el que sus padres pasaban algunos fines de semana y que era casa conocida de toda la peña. Sólo me dio tiempo a pedir a uno de mis amigos que me quitara a Ysaura de encima, lo que cuando llegamos al chalet consiguió sin ninguna dificultad, perdiéndose los cuatro (Adelia le había pedido lo mismo respecto de mi a mi otro compañero) en las profundidades de la casa, mientras yo, que me había quedado solo y desparramado en un sofá  del cuarto de juegos, no paraba de pisar nuevamente, una y otra vez, con Soledad Bravo, las calles de Santiago ensangrentadas.
Volvimos al amanecer, ellos arrullándose, yo silbando mientas conducía… y salvo algún que otro encuentro esporádico, no volví a ver a Ysaura hasta cuatro años después, con ocasión de la muerte de Aldo, aunque si supe que se había casado con un aviador comercial.
Aldo y yo no nos volvimos a hablar hasta pocos meses antes de su muerte. Mi mujer y yo para entonces ya estábamos comprometidos y nos encontramos con él en un bus. Nos saludamos, le presenté a mi novia y quedamos una tarde para tomar unos vinos. Éramos los dos mucho más maduros (yo ya había cumplido los 26) y abrimos una pequeña vía de comunicación que prometía, pero no pudo llegar a más por trabajar Aldo fuera de Madrid y en seguida acaecer su muerte.
La muerte de Aldo fue digna de un número uno como él era y me sorprendió estudiando mis oposiciones, una tarde de febrero. Me la comunicó mi hermana y obviamente subí de inmediato a su casa a mostrar mi condolencia y a ofrecerme a su madre y hermanos para lo que pudieran necesitar.
Por la noche dieron la noticia en televisión y nada más darla sonó el teléfono… resultó ser Ysaura pidiéndome, toda llorosa, confirmación de la noticia que acaba de oír en la tele. Se la di y nos concertamos  para ir al velatorio la mañana siguiente, una vez llegado el cadáver a Madrid.
La recogí y marchamos los tres (mi novia también) al lugar de despedida y salida del entierro. Al llegar, nos dejó a todos con los ojos a cuadros (ojipláticos, se dice ahora) porque nada más entrar en el velatorio, Ysaura se tiró sobre el ataúd, transportada sobre sus propios alaridos, como si fuera la viuda más desconsolada del mundo. Aldo, cuando murió, permanecía soltero, aunque estaba en relaciones con una chica que obviamente no conocía a Ysaura y que quedó de una pieza..., el caso es que con todo y con eso, enterramos a Aldo y desde entonces Ysaura y yo mantenemos contacto, pues una vez al año, cada 14 de abril, llamo a Granada, donde vive y le felicito su cumpleaños.
Pero de un tiempo a esta parte los fantasmas han desaparecido. Después de una noche pensando en estas cosas en solo unas horas llegué a la conclusión de que en realidad Aldo no me traicionó, porque se prestó a un juego propiciado por Ysaura para ver si con el espolón de los celos por fin daba el salto que ambos tanto anhelábamos. Evidentemente, lo que Ysaura pudo ver en mi no fue un estallido de celos sino una fría y condescendiente bendición a ese emparejamiento y de ahí su inquina posterior y su definitiva pérdida, pues ambos, por razones contrapuestas nos habíamos recíprocamente invalidado.
Desde luego esa explicación encaja con la rocambolesca devolución de regalos que me encargó Aldo a través de su hermano, pero también son ciertas dos cosas: Una, que si fuera teatro, hubiéramos sido todos dignos al Premio Nacional de Interpretación, ellos por su maravillosa asunción del papel de amantes y yo por mi no menos meritoria interpretación del frío, amable y digno amigo de la dama; dos, porque aun tardando tanto como he tardado en encontrar sentido a todo lo que pasó, no deja de ser la explicación más satisfactoria para mi vanidad.
En fin, cualquier día de estos lo mismo me atrevo a acercarme a Granada y pedirle a Ysaura que me cuente  lo que de vedad pasó.

sábado, 2 de octubre de 2010

LLEVO VEINTE AÑOS PERSEGUIDO POR FANTASMAS (III)

Y llegó el día y llegó la hora… y los cuatro nos juntamos en casa. Fue relativamente corto el trámite del chocolate, pero lo que en principio atribuí a la mala fortuna y luego a la mala fe, hizo que comenzáramos el trato cambiados, es decir: Ysaura y Aldo se enfrascaron en una conversación y Claudia, que no me dejaba ni a sol ni a sombra, comenzó a aburrirme con lo que a lo largo de las horas se convirtió en un monótono monologo suyo salpicado con algunos monosílabos míos. La cosa era tremenda. Por más que lo intentaba no podía prestar atención a lo que la tal Claudia, machaconamente, me refería, porque todo mi ser estaba pendiente de lo que sucedía entre los otros dos y aunque creo que se notaba palpablemente, Claudia era inasequible al desaliento (y además se reveló como una oradora de fondo, a lo Fidel)... aun me pitan los oídos cada vez que recuerdo la gran retahíla de casi cinco horas sin parar.
Una de las cosas que me llamó muchísimo la atención, al meditar luego sobre lo sucedido, es que al comienzo estábamos los cuatro sentados uno junto a otro, pero imperceptiblemente ellos dos se fueron separando y terminaron en el extremo opuesto de la sala, mientras que Claudia y yo permanecimos clavados en nuestras "posiciones de salida". De pronto, la vista se me nubló en rojo, la sangre me inundó la cabeza y el corazón, mi pobre corazón -desde aquel día quedó irremediablemente tendido al sol, como diría Víctor Manuel- dio un gran vuelco, tan grande que a poco se para.... Ysaura y Aldo se estaban besando apasionadamente.... y la otra seguía con su runrún como si no notara removerse las entrañas de la tierra bajo su jodido culo, como si no se diera cuenta de que estaban estallando cientos de volcanes en torno nuestro... inexplicablemente no veía desplomarse el sol ni reventar las estrellas, seguía, impertérrita, con su abrumadora e insulsa cháchara (juro por la más sagrado que salvo recordar el tema -filosofía-, no hubiera podido decir al día siguiente absolutamente nada de su contenido). Estaba fundiéndose el mundo a mi alrededor... pero, de pronto, todo dejó de tener significado, se esfumaron los astros hirvientes, cesó el temblor telúrico, mi corazón bruscamente pasó del fuego abrasador al frío absoluto e incluso dejé de oír el solemne coñazo que me estaba dando Claudia, cuando mi amada y mi amigo, sin articular palabra, salieron de la sala y se introdujeron en MI dormitorio.... me encontré solo, flotando o, mejor dicho, levitando en la habitación y la única sensación que recuerdo era la que me proporcionaba el rítmico y rápido martillear de las arterias en mis sienes.
Sé que es muy alambicada la descripción que estoy dando de esos momentos, pero no me basta con escribir simplemente que sentí un profundo dolor… fue algo más, fue algo que desgarró hasta en el último rincón de mi ser. En mi hay un antes y un después de esa tarde.
En ese trance, puedo asegurar que las intenciones de Otelo eran propias de un niño de jardín de infancia en comparación con las mías, pero.... yo era un caballero y además y por encima de todo, no tenía derecho a exigir nada de Ysaura porque nunca había consentido entablar un compromiso con ella... otra cosa era Aldo, que estaba perfectamente enterado de la situación y por ello de mi desasosiego.

¿ESTO QUE ES, UNA HUELGA O UNA JUERGA GENERAL?

KLAUS DICE:
Esta entrada viene a cuento de la de mi admirada NABIA OREBIA de 30 de septiembre de 2010
En lo que se ha podido ver, la huelga ha sido más política que sindical. Me explico, una huelga que se convoca con tres meses de anticipación contra unas determinadas medidas del gobierno (no lo olvidemos, la reforma laboral) no puede transformarse en una huelga contra los empresarios (a quienes también se les impuso dicha reforma) y determinados líderes políticos, casualmente del PP y sobre todo, no puede ni debe transformarse en una huelga contra la gente...
Por ello, por su carácter político, no ha sabido explicarse coherentemente por los sindicatos el pretendido fundamento social de la huelga y, a este respecto, creo que han fallado en profundidad, porque en el fondo, la reforma laboral la han justificado en lo que ha dado en llamar "abaratamiento del despido", como si el despido fuera caro en España.
Soy del criterio de que en España el despido es barato y digo esto porque si consideramos que el despido, tal y como está regulado, puede ser bien por causas económicas bien por causas disciplinarias y en ambos casos, puede ser a su vez ser procedente (es decir, con arreglo a la ley) o improcedente (es decir, contrario a la ley).
El efecto principal del despido procedente por causas económicas (es decir, ajustado a las previsiones legales, que entre otras cosas requieren que tales causas sean ciertas y se demuestren por el empresario) es que genera una indemnización a favor del trabajador, equivalente a veinte días de salario por año trabajado en la empresa. Pues bien, este efecto no se toca por la reforma laboral, que mantiene los veinte días de indemnización con la particularidad de que ahora sólo doce serán a cargo del empresario y ocho lo serán a cargo de un llamado Fondo de capitalización que se crea exprofeso y en consecuencia garantizados por el Estado (lo que por cierto, en un determinado momento puede generar más déficit).
El efecto principal del despido procedente por causas disciplinarias (que igualmente deben ser las establecidas en la ley, ciertas y probadas por el empresario) es simple y llanamente el despido sin derecho a indemnización ni a subsidio de desempleo.
En ambos casos,  tanto en los despidos por causas económicas como cuando son por causas disciplinarias (dejando aparte los supuestos de despidos disciplinarios legalmente calificados de NULOS, que tienen otro tratamiento), los efectos del despido IMPROCEDENTE son los mismos, a saber: generan una indemnización a favor del trabajador de cuarenta y cinco días de salario por año trabajado o, el derecho a ser readmitido…. Sí, EL DERECHO A SER READMITIDO es la alternativa a la indemnización para satisfacer a aquellos trabajadores cuyos despidos son declarados improcedentes (es decir, ilegales).  Esta cuestión TAMPOCO  la modifica la reforma laboral.  
Y es justo en este punto donde ciertamente está la madre del cordero y respecto del que creo que la actitud de los Sindicatos está ayuna de imaginación, de oportunidad, de debate, de explicación y de justicia y por tanto donde se demuestra que esta huelga ha sido una operación absolutamente demagógica, porque la capacidad de optar entre readmisión o indemnización NO corresponde al trabajador, sino al empresario, de modo que a éste le sale muy barato, en los casos de trabajadores con poca antigüedad, mandarlos a la calle porque no les gusta su cara o simplemente porque les da la gana.
En mi opinión, los sindicatos deberían haber puesto mucho más énfasis en equiparar los efectos del despido improcedente a los efectos del despido NULO (el reingreso inmediato del trabajador) o, en su caso, en atribuir al trabajador y no al empresario, la capacidad de optar entre reingreso o indemnización. Ellos sabrán porque no lo han hecho ni tienen pensamiento de hacerlo. Ellos sabrán porque no se explica esto. Ellos desde luego SI SABEN,  que la capacidad de optar entre el reingreso o la indemnización sólo está en manos de CIERTOS trabajadores, curiosamente los que están desempeñando funciones de representación sindical o las hayan desempeñado dentro de los dos años anteriores a la fecha del despido improcedente, lo que en Gnomolandia se describe con una significativa frase: “Barriendo para casa”.

Este es el dictamen del JUEZ KLAUS, el gnomo.


domingo, 26 de septiembre de 2010

LLEVO VEINTE AÑOS PERSEGUIDO POR FANTASMAS (II)

Nos dio, al menos a mí, una gran alegría el encuentro, comenzamos a recordar peripecias y amigos comunes de aquel veraneo e igualmente, de una manera natural, comenzamos a hacernos confidencias. Resultaba que ella acababa de liquidar de manera dolorosa (incluidos intentos de suicidio, según me confió) una relación con un tal Tato (distinta de la de aquel verano), mientras que yo mantenía unos amoríos un tanto extravagantes con mi inglesita marinera.
Bueno, ese encuentro casual, en esas determinadas circunstancias y la química que ya había funcionado la primera vez que nos vimos, fraguó rápidamente en una estrecha relación y los dos nos enamoramos. Para el día 14 de abril, su cumpleaños, recuerdo que le regalé un enorme libro con todas las tiras de Mafalda y anduvimos todo lo que quedaba de curso el uno junto al otro.
Donde Ysaura estaba, se hallaba Klaus; éramos capaces de las mayores locuras, como estar de copas por el Valle del Kas y llegarnos a las tres de la madrugada al Escorial para ver amanecer... o simplemente amanecer frente al mar en Santander, o la emoción de descubrir en Orihuela las fachadas de las casas de los barrios obreros, que en homenaje al poeta Miguel Hernández (aquel de "umbrío por la pena"), habían pintado con motivos evocadores de sus poemas.
Los meses pasaban, la relación se estrechaba pero... pero yo no era capaz de dar ese a veces sinuoso saltito que separa una buena amistad de un cálido amor. Yo trataba a Ysaura como a la niña de mis ojos pero mantenía la distancia, me comportaba con ella como si ella fuera el mejor de mis camaradas, aunque en realidad mi corazón se consumía en un ardiente amor.
Ella no entendía nada, no comprendía mi comportamiento y sólo le faltó pedirme de rodillas y a gritos que dejara de "amiguearla" y que la amara y digo de rodillas y a gritos porque me lo pidió de otras mil maneras, aunque cada vez que ella llevaba la conversación a ese terreno, yo escurría el bulto con increíble habilidad.
Con esto llegó un nuevo verano y ella marchó con su familia a una playa de levante, en un pueblo a unos cien kilómetros de donde yo, como siempre, pasaba mis veranos. Todos los días, desde que llegué a mi casa de San Telmo, salía de madrugada para ir a verla y regresaba de madrugada. Dormía dos, a lo sumo tres horas y de nuevo marchaba a verla, pero por más que lo intentaba no era capaz de saltar la barrera.... ¡Dios!, lo que hubiera dado por tener fuerzas para abrazarla y besarla y confesarla mi amor y permitir que ella me confesara el suyo. Pero nada.
Uno de esos días sucedió algo aparentemente intrascendente, pero que luego se convirtió en determinante. En las proximidades de donde ella estaba, hay un pueblo minero, La Unión.
Allí terminaba las prácticas de la Escuela de Minas Aldo, mi amigo del alma. Estuvimos unos momentos viéndole, les presenté y nos marchamos y ya no supe de él en todo el verano, pues iba de vacaciones con su familia a otra costa.
Y en estas idas y venidas, manteniendo a duras penas el absurdo de vida y de relación que yo imponía a Ysaura, dieron los primeros días de agosto y de pronto se cansó, aunque no me lo dijo, y regresó a Madrid. El resto del verano lo pasé en ascuas, comunicándome con ella por teléfono (en aquellos tiempos los apartamentos de verano no solían tener teléfono y, por descontado, no había móviles, así que tocaba "cabina") y por cartas. Comprendía que había llevado la cosa a una situación límite.
Por fin llegó septiembre y con ese mes, el tiempo en que debía preparar el comienzo del nuevo curso, el último de mi carrera (es curioso que en España llamemos "carrera" a los estudios universitarios, si consideramos que las putas también hacen “la carrera”… ya es curioso que digamos que los estudiantes hacen lo mismo que las putas, ¿Por qué será?). Es decir, que con septiembre llegó el pretexto, casi único para dejar San Telmo y marchar corriendo a Madrid, tras Ysaura, sin quedar demasiado en evidencia.
No hice nada más que llegar y me encontré con Aldo pues una de las razones de que fuéramos amigos de la infancia era que él vivía con su familia en un apartamento de la decimoquinta planta del edificio donde mi familia y yo ocupábamos otro en la octava.
Como puede suponerse, llamé a Ysaura recién hube llegado y concerté con ella una cita inmediata pero que no recuerdo por qué razón o con qué pretexto, me anunció que sería breve. A la cita acudió con una amiga, Claudia, esa confidente inseparable que todas la mujeres entre los quince y los veinticinco años siempre tienen y que a la postre suele terminar siendo la peor enemiga.
Aprovechando que toda mi familia, por unas u otras razones, estaba fuera de Madrid y que por tanto podía disponer libremente de mi casa, invité a Ysaura a pasar allí la tarde del siguiente día para de oír música y tomarnos una chocolatada que yo mismo prepararía, pero claro, no se le podía hacer el feo a Claudia, por ello me sugirió que buscase un amigo para completar las dos parejas y, evidentemente, mencioné a Aldo, quien luego aceptó gustoso el convite.
Pasé la noche en vilo acopiando fuerzas y llegando a decidirme para, por fin, dar el saltito y arreglar la situación. La chica me interesaba realmente y realmente había conquistado mi corazón. Estaba perdidamente enamorado de Ysaura y entendía que ese amor merecía el gran sacrificio de luchar contra esa timidez, ese algo que me impedía franquearle las puertas de mi alma.

jueves, 23 de septiembre de 2010

LLEVO VEINTE AÑOS PERSEGUIDO POR FANTASMAS

Entre que dije que lo contaría por un lado y que por otro se ve que voy llegando a viejo y deseo ejemplarizar todos mis posibles Karmas, la historia que voy a contar jamás la conté a nadie como en realidad sucedió, al principio por razón de perjuicios machistas, después por no reconocer que me seguía angustiando al cabo de los años y luego porque el tiempo no perdona y terminó por diluirse en el conjunto de mis vivencias.
Las situaciones que la forman fueron recurrentes mis sueños, más bien en mis pesadillas, durante más de veinte años, en los que fui perseguido por un ex-amigo, ya fallecido (a los seis o siete años de finalizar la historia), como asiduo visitante de mi subconsciente onírico, aunque curiosamente, en sueños, nunca tratamos la cuestión de la traición de amores de la que fui su víctima -o al menos eso creí entonces- y todo se resolvía, por mi parte, en una gran ansiedad por encontrarle, vivirle o, si se quiere, recuperarle en la plenitud de sus facultades, aunque inevitablemente siempre me daba esquinazo.
Hace ya años que esta historia ha perdido su condición de perturbadora onírica, justo después que, tras meditar unas horas (sólo Dios sabe cuántos minutos de reflexión he dedicado a esta chorrada), me pareció dar, ¡Eureka!, con la explicación que hace encajar con visos de verosimilitud lo que pasó, aunque ello me ha supuesto descubrir la verdad terrible de que lo que verdaderamente me importaba era el por qué y no el qué… la causa de lo sucedido y no propiamente lo que pasó.
He de comenzar diciendo que aunque la vida me curó radicalmente de esos espantos, en mi adolescencia y primera juventud fui un gran tímido. Pero un tímido atípico, porque siempre he tenido la facultad de comunicarme fácilmente, he sido siempre gente de buen trato y rápidamente simpatizaba con todo el mundo, incluidas las pibitas. Quiero decir que aunque aparentemente era una persona más que suficientemente desenvuelta, en realidad escondía, bajo ese caparazón, que mantenía a toda costa -supongo que como autodefensa- una gran timidez. El resultado es que conectaba con todos -el problema afectaba a la totalidad de mis relaciones, no solo a las que establecía con chicas- rápidamente, pero me costaba un imperio trascender la primera relación superficial. Con las niñas eso implicaba que les llegaba pronto a interesar pero me detenía y no sabía franquear -para ellas de modo inexplicable- el punto donde ese primer interés debía avanzar hacia una relación más profunda.
Este problema me procuró serios batacazos, de ellos uno especialmente doloroso, sobre el que versa esta historia, aunque ya me había sido anunciado por otro previo parecido, del que no supe tomar lección.
Así, en el verano del 74 y allá en mi estival Playa de San Telmo, surgió como una aparición emergente del agua, como una preciosa sirena, una pibita de piel escandalosamente blanca para los que ya llevábamos algún tiempo por esos lares y podíamos lucir un solemne bronceado. Eran los ojos negros más grandes y más profundos que jamás había visto. Eran unos espléndidos diecisiete años, peinados a la moda Heidi, era Ysaura… una diosa vestida de diosa (en realidad esa primera vez llevaba bikini).
Y sucedió lo que tenía que suceder. La miré, me miró, me gustó, le gusté.... y como siempre sucedía, rápidamente conectamos.
Simpatizamos enseguida y pasamos un verano verdaderamente agradable, situando nuestra amistad dentro de los límites de una efímera relación estival, del respeto del compromiso que por entonces mantenía ella y de las expectativas (esas no me faltaban nunca) que yo tenía. Es decir, establecimos una relación de mucha simpatía y a la vez muy superficial, aunque como luego se evidenció, ambos tomamos reciproca nota de nuestra respectiva existencia.
El veraneo acabó y cada uno volvió a su casa, en Madrid, donde curiosamente vivíamos en sitios no muy distantes el uno del otro. Al poco de regresar, nos llamamos algunas veces y siempre por iniciativa de ella, salimos en un par de ocasiones, en grupo, con amigos del verano....
Fuera de esos leves contactos el tiempo siguió transcurriendo y alcanzó el calendario hasta las primeras fechas de diciembre del 76, en pleno invierno, encontrándonos casualmente un día por los alrededores de la vieja “Complu”.

¡COMO ME GUSTA EL LEONARDO!

BIRD ON THE WIRE

Like a bird on the wire,
like a drunk in some choir
I have tried in my way to be free.

Comme l'oiseau sur la branche
comme l'ivrogne dans le coeur de la nuit
j'ai cherché ma liberté.


Like a worm on a hook,
like a knight from some old fashioned book
it was the shape, the shape of our love twisted me.

If I, if I have been unkind,
I hope you can, I hope you can just let it go by. (let it go by)
If I, if I have been untrue
it's just that I thought a lover had to be some kind of liar too.

Like a baby, stillborn,
like a beast with his horn
I have torn everyone who reached out for me.
But I swear by this song
and by all that I have done wrong
I will make it all up to thee.

I saw a beggar, he was leaning on his wooden crutch,
he says to me, "Come on now, you must not ask for so much."
And another pretty woman, she was leaning in her darkened door,
she cried out to me, "Come on now, why don't you ask, why don't you ask for just a
little more?" (just a little more)

Oh like a bird on the wire,
like a drunk in some old choir
I have tried in my way to be free.
Like a bird on the wire,
like a drunk in some choir
I have tried in my way to be free.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

EL MUNDO SE DERRUMBA Y NOSOTROS NOS ENAMORAMOS O DE LOS EFECTOS DE LA ROTURA CON YSAURA

Leía a la “libretera” (¿a que suena mejor que bloguera?) NABIA OREBIA sus reflexiones sobre las rupturas y la estrecha relación que las mismas, para ella y a lo leído en los comentarios para muchas más, tienen tales episodios con el chocolate y las bragas y se me vinieron a la cabeza, además de una reciente vivencia, una cascada de recuerdos.
En cuanto a la reciente vivencia, se trata de la sorprendente reacción que tuvo una “titi” conocida cuando al calor de sus múltiples rupturas, se me fundió el filtro que todos debemos tener entre la sesera y la lengua y le dije que cambiaba más de “tronko” que de bragas, a sabiendas de que es “súper relimpia” y se las muda constantemente (¡ojo! No hagáis el chiste facilón de interpretar o leer “sexera” por “sesera”, porque soy de los que piensan que justo ahí no tiene por qué haber filtros, salvo los, en su caso, necesarios y derivados del ya clásico dicho “pónselo, póntelo“).
Pero dejando aparte esa vivencia, que algún día de estos interpretaré, quiero entrar en los recuerdos, que en esta ocasión me condujeron a la buena de Ysaura.
Visualizando a Ysaura, lo primero que se me viene a la cabeza es lo sensacionalmente eclécticas que pueden llegar a ser las mujeres...cuando quieren, pues hay que reconocer que tienen, generalmente, cierta (¿solo cierta?) tendencia a la complejidad... recuerdo que en un film americano (perdón quise decir usano -no queda mal la palabreja para designar a los ciudadanos USA, ¿eh?-), un padre, hablando a su hijo y refiriéndose a las mujeres en general, pero con la vista puesta en la suya (esposa y madre, respectivamente), definía a éstas, más o menos, como aquellos seres permanentemente enfadados con uno porque habías infringido un montón de reglas que previamente NO conocías.
En cuanto a lo que he sentido, obviamente después de la ruptura y ahora siento por Ysaura, es cuestión que ya me he planteado alguna vez y la respuesta es compleja, aunque no complicada. Me explico: Mis sentimientos hacia Ysaura han ido variando en función del tiempo y de las circunstancias. Al principio y durante una larga temporada, tuve el corazón roto. Pasado algún tiempo, más o menos en la época de una visita clandestina que hicimos a la casa de campo familiar, donde estuvo con un compañero mío, no sentía pasión por ella. Le tenía cierto afecto y sentía una gran desazón por lo que sucedió, porque no me explicaba -y aún no me explico- como las cosas tomaron ese rumbo y de un plumazo, aun asumiendo mis propios errores como causa principal del efecto indeseado, me quedé sin la niña que amaba y sin el amigo al que más quería. Aunque he de confesar -y eso no dice bueno de mí- que aquella excursión la provoqué con un sentimiento de reivindicación frente a mi ex amigo (al que como es lógico, o quizá no tanto, hacía mucho que ni veía ni escribía). De alguna manera quería, en un momento dado, poderle decir a Aldo –así se llamaba el traidor- que era tan cornudo como yo.
Más adelante, cuando salía yo con una tal Andrea, deje de sentir ese cierto afecto y sentí pena. Fue la época del comienzo del matrimonio de Ysaura con el piloto de aerolínea, época en la que, dadas las ausencias del piloto, se movía como perro sin amo. Alguna vez coincidimos Andrea y yo con ella y realmente me hacía las cosas difíciles, pues no paraba de hacerme carantoñas y arrumacos en su presencia, lo que me resultaba profundamente desagradable y me ponía nervioso.
Desde la muerte de Aldo hasta la fecha, sigo sintiendo una profunda curiosidad mezclada con una especie de afecto nostálgico... ¡que jóvenes éramos y cuantas locuras hacíamos!... sinceramente creo que si llegase a satisfacer mi curiosidad, Ysaura no pasaría de ser un recuerdo más o menos amargo.
Y esto viene a cuento de lo leído a NABIA porque sé positivamente que los efectos de una ruptura van mucho más allá del chocolate y las bragas… y lo sé porque no en vano me pasé más de veinte años perseguido por fantasmas, aunque esa ya es otra historia que quizá un día me apetezca contar.

A VAZQUEZ MONTALBAN IN MEMORIAM

Hoy he viajado por los mares del sur, en un viaje a través del tiempo de mi memoria, por paisajes urbanos, allí donde revoletean los lúgubres pájaros de baden-baden, allí donde sólo hay asfalto, desolados hombres y mujeres en pena, ahogados en su particular océano de ginebra a palo seco y atormentados por los recuerdos de los amores perdidos, de los viajes solo soñados, de las pieles intactas que se les fugaron, de esos besos amargos que nunca se atrevieron a hacer volar para besar otros labios.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA CLAVE DE SOL

Hace unos días me refería a mi clave de sol y desd entonces no ha pasado ni un solo instante sin que el recuerdo de lo que para mi llegó a ser una preciada posesión me abandone, así que un poco como ejercicio de higiene mental, he decidido dedicar unas lineas a este asunto.

Me pregunto donde parará esa clave de sol que robe entre besos y caricias, como prenda de un amor imposible... imposible. Donde pararás tu dulce y ardiente Marie, jovencísima gacela marsellesa que entre mis brazos perdiste tu clave de sol... mi clave de sol. Que será, Marie, de tu gentil cuello, señor de la clave de sol que durante mucho tiempo pasó a ser prenda esencial de mi garganta y verdadera clave del entendimiento del que antes fui yo. Clave de sol que fue permanente recuerdo de tus ojos encendidos, de tus besos inexpertos y de tus risas, Marie, la niña francesa y traviesa, mi niña, que quiso descubrir en mis brazos el amor.


Y ahora sé, ahora sabemos ambos, que no hay permanencia que una eternidad dure porque, esta vez no robada, sino ofrecida, mi clave de sol dejó de ser mía. Fue entregada como prenda de mi afán imposible de apresar el cuello de Lynda. Lynda, tan bella... bella por dentro y bella por fuera, preciosa mujer, atormentada y solitaria, presa todos los atardeceres de la compañía de su botella de ginebra... Lynda, la dueña de mis etílicos desmarques solitarios, la que me enseño a beber para olvidar, la que me dio la dimensión de la anestesia amorfa del alcohol, por no recordar aquel amor fugaz entre mis playas y mis remordimientos, mis deseos y mis cobardías, amor fugaz si, pero también profundo entre la realidad dura de la haima norteafricana y la entonces prohibida realidad de Gibraltar.

Con mi clave de sol quedaste Lynda y con ella te dejé un jirón de piel y un millón de lágrimas. De tu lealtad supe que el amor de otro hombre había anidado en tu corazón, a cambio del recuerdo de tus besos, salados y bereberes, del recuerdo de tus caricias... a cambio del recuerdo de tus manos aferradas a mis brazos... a cambio del recuerdo de tu sonrisa marinera.

EL SUEÑO

Hoy, anoche, he tenido un sueño.

Caminaba por un camino rural, por las afueras de un pueblito rústico. Iba con una hermosa muchacha al lado, pobre, muy pobre, una persona marginada. Al paso apareció un montón de alpacas de yerba, de un color verde un tanto artificial... era el pienso para los animales de la especie de granja abandonada donde vivía la muchacha, se trataba de un producto de baja calidad... no era un pienso bueno.

Según íbamos avanzando hacia su casa, nos iban saliendo al paso unas gallinas... encima del montón de alpacas había visto un gran gallo con una cresta roja y enorme. Mientras que otro gallo, éste con tan poca cresta que me hacía dudar si era una gallina, se arrimó a la muchacha y jugueteaba con ella.

Por fin llegamos a su casa, una especie de cobertizo en muy lamentable estado. Todo estaba viejo, cochambroso y sucio.

La muchacha era muy bonita, bellísima, iba modestamente vestida, con una ropa como de un desvaído marrón claro, de verano y corto, un palmo por encima de sus rodillas.

Una niña pequeña, de unos cinco o seis años, hija de la muchacha, nos esperaba por allí y nada más ver llegar a la madre se abalanzó cariñosamente hacia ella.

Esa maternidad era a la vez consecuencia y causa de su marginalidad, o lo que es lo mismo: el estado de marginalidad de la muchacha era anterior a su maternidad; su maternidad había sido producto de su marginalidad y a la par, esa marginalidad se consolidaba por el hecho de haber sido madre soltera. Pero sea como fuere, en el sueño estaba claro que era una mujer sola, sin hombre.

Ella era de tez clara, bronceada... más bien curtida por el aire del campo. Tenía unos enormes y brillantes ojos negros, una preciosa figura, aunque no era muy alta. Llevaba el pelo suelto, en una media melena y a pesar de la suciedad del lugar se la veía limpia y aseada.

No se muy bien que hacía yo allí, ni que relación tenía con ella. Solo que sentía un profundo amor y la deseaba mía. Mejor dicho, más que desearla, la quería y ella también a mi. No había deseo de sexo, pero dos o tres veces le besaba los labios y sentía ese típico y poco describible hormigueo que se siente cuando el amor todavía es sorpresa y a la vez duda y esperanza... cuando no acabas de creer aun que eres correspondido, que eso te está pasando a ti.

Sin embargo, ese dulcísimo sentimiento estaba acompañado por la pena (y digo pena, no angustia) de tener la certeza, sin explicación alguna, que ese amor era imposible. Es la pena de quien tiene algo deseado al alcance de la mano y no lo puede coger por más que se esfuerce en ello.

Y en esas vicisitudes me debatía, cuando al darme la vuelta vi a un hombre desconocido tumbado en una hamaca, balanceándose tranquilamente. Ese hombre no mantenía ningún tipo de relaciones con la muchacha ni viceversa. Su presencia era solo explicable en el plano onírico, era como si estuvieran proyectando dos películas en dos pantallas juntas y de pronto el personaje de una de las películas se metiera en la otra.

viernes, 3 de septiembre de 2010

SENTADOS EN LA PLAYA VIENDO LOS CULOS PASAR

Pues si señor... ya se terminó la "vacatio" estivalera, un poco aburridillo de hacer lo mismo casi todos los días y que se resumía, como le decía a mi amiguete "RABOCOP" (llamado así por una amiga común y admiradora suya por aquello de que considera que este tipo es mitad "rabo" mitad "madero") en estar sentados en la playa mirando -y como no, cubicando- los culos de las tías que pasaban, bajo el pretexto de estar cansados y desear leer la prensa para no acompañr a nuestras respectivas parientas en el largo y conversado -coño, no paraban de hablar- paseo playero.


Eso de que las mujeres hablen tanto es un claro indicio de la premeditación del Creador (o sea, de libre albedrío nada) cuando decidió poner en circulación a Eva... el muy tuno ya sabía lo de la manzana y tenía previstos los castigos, tanto los que dijo, como lo de la expulsión del paraíso, aquello de que "... te ganaras el pan con el sudor de tu frente..." y "parirás con dolor..." como los que calló, entre otros el no dejarlas mudas, con lo guapas que están cuando están calladas... bueno, esto es broma, claro, no me gustaría que se interpretase que soy un machista de mierda, así que diré que supongo que ellas, en el mismo discurso omisivo-punitivo del Creador, habrían abogado porque los hombres fuéramos mancos o al menos el poder escayolarnos a voluntad, todos o alguo de nuestros miembros.

En fin… lo que me pareció mentira, después de años sin frecuentar la playa, es que existan mujeres superbonitas, dignas de ser miradas con arrobo no exento de respeto y reverencia… lo que en un primer momento me alegró mucho… justo hasta que caí en la cuenta de que esas ninfas no eran otras que las amigas de mis hijos que, como no, también van cumpliendo años.

Y entonces sentí mis “taytantos” como una verdadera losa… coño, si estoy tan calvo que sólo me veo patillas en el espejo, en el que tengo que mirarme de perfil de lo gordo que me he puesto… y de pronto caí en la cuenta que este 2010 cumplía cuarenta años, ¡cuarenta! (que como diría un vicioso del tute, no joden pero atormentan) desde que mis pies, siendo entonces un mocete en cuarto creciente, hollaron por primera vez ese lugar, esa playa, esa urbanización.

Y se me pasaron irremediablemente por la cabeza tantos recuerdos… los primeros besos, las francesas primero, las inglesas después, alguna holandesa… ninguna española (porque no quería líos con los papases y las mamases de las vecinitas y porque como bien es sabido, en la España –y con las españolas- de los primeros setenta, follar no era pecado, era milagro)… las primeras novias, el primer coche, mi inveterado MINI… la imagen de mi madre afeándome cabreada todas las faenas… tantas risas, tanta felicidad, tanta inconsciencia. Qué razón tenía mi padre cuando mis hermanos mayores (que siempre han dicho, los muy cabrones, que yo soy, o era, hijo de viejos, sin querer caer en la cuenta de que el pretendido "viejo", mi padre, me "corrigió" tanto o más que a ellos) o mi madre le daban las quejas de mis supuestos desvaríos al contestarles que me dejaran en paz ya que había cumplido con mi parte del “contrato” al tener encauzados sin problemas los estudios, porque ya tendría tiempo de sufrir, de saber lo que de verdad es la vida… de enterarme lo que vale un peine... ¡Que sabio era "jodío"!

Y andaba yo en estas meditaciones, sentado en la playa, un poco chafado, la verdad, cuando vi un culo pasar… el mejor culillo que he visto en mi vida enfundado en un bañador… el culillo "triañero" de mi nieta que, con la urgencia de irme con ella a rebozarme en la arena, hizo que concluyera la cavilación dando gracias a Dios porque (soy plenamente consciente de ello) he llevado, estoy llevando, una vida afortunada.

Así que terminaré hoy recordando los nombres de algunas de las chicas que por aquellos años me dejaron huella; unas las extranjeras, como novietas de más o menos “arrime”; otras, las españolas, como amigas entrañables a las que me unía un afecto absolutamente blanco (palabrita). Ellas fueron Marie (me regaló una clave de sol que llevaba como colgante), Laurence (una francesa guapísima a la que simplifiqué en Lorenza), Maud, Claire y Jenny,  las dos Carol (no tenían nada que ver entre sí y entraron en mi vida en tiempos distintos y en diferente clase de relación), Debbie, Mandy (esta chica me gustaba un montón, tanto como el Rolls de dos puertas que traía su padre todos los años), Lynda (mi marinera dulce, guapa, apasionada y sincera Lynn, a la que un par de años después de recibirla, regalé la clave de sol de Marie), Rocío, Mari José, Mercedes, Purita, Marina, Macarena, las dos Palomas, Cristina “terremoto”, Monki, Manoli, Sonia… A casi ninguna de las citadas las he visto en los últimos veinticinco años, a la mayoría, en los últimos treinta. Vaya para todas ellas con el recuerdo, mi afecto y mi agradecimiento por lo que en cada momento me aportaron.

martes, 17 de agosto de 2010

¡Que buena estaba la Gardner y que soso era el Mason! o el anodino comentario de una aburrida tarde de verano.

Justo ahora la Gardner le está diciendo al Mason que ya sabe de donde procede la “destructividad”, pero ni por esas, ni siquiera por estar ambientada esta “peli” (Pandora y el holandés errante, 1950) en la España alegre del año treinta del pasado siglo (toreros y carreristas automovilísticos incluidos), se le quita al James Mason el careto de soso…. ¡joder que soso aparecía el tío!... aún no me explico como Kubrik le dio el papel de “prota” masculino en Lolita.

Pero bueno, ni caso a la tele y vamos al toro de hacer una entradita blogera para hoy, que la voy a comenzar diciéndome que por mis niños (por todos, por los que he tenido y conozco y por los que haya podido tener sin saberlo), no vuelvo a emplear ese palabro ni sus derivados.

La temporada veraniega es escasa en noticias de calado jurídico, así que poca cosa hay que comentar de actualidad al respecto, por lo que tirando de anécdotas y recuerdos lo primero que me viene a la cabeza es que un pariente mío anda por la "selva"  balcánica (Welcome to the jungle!... Welcome to the Albania!) filmando y entrevistando a violadores presos y a estafadores en libertad… que barbaridad, con lo caliente que anda el verano y las cosas que le da a la gente por hacer… la verdad es que voy un poco aburridillo, con la brasa de los toros, del Pepito Blanco, la Trini y demás fauna…

Si algo he de destacar es el “arrosss” con chipirones que nos metimos el sábado un par de amiguetes y yo. Uno de esos amiguetes es muy poco formal, bohemio sin saberlo, padre cierto de muchas criaturas e incierto de algunas más y muy, pero que muy feo… feísimo, de los que asustan al miedo, aunque por los exitos amorosos que cuenta (puedo dar fe de alguno de ellos), la debe tener de oro el tío. El otro, un pimpollito pijín de Madrid, en la cincuentena avanzada, de los que se te presentan a buscarte en la playa, quiero decir, en la mismísima orilla del mar, vestido y bien vestido, de camisa a rayas con las mangas dobladas, pantalón largo y zapatos encalcetinados, se conoce que “pa espantá a la caló”.

La comida fue muy divertida además de buena, en un aparente “cutrebar” de El Campello en el que sirven, exclusivamente, comidas a la manera local y por eso muy marinera y muy arrocera, bien regada con un Santa Rosa reserva de la bodega del alicantino Mendoza. Pero además de bien servido, bien bebido y bien acompañado con unas ensaladas de ensueño (una de pimientos, berenjenas y sardinas saladas y secadas al sol y otra de tomates con huevas en salazón) el “arrosss”, la comida fue sobre todo divertida por las gracietas del bohemio, que no paró de tocarle los “eggs” al “pijolindo”. ¡Que risa, que risa!... el bohemio descojonándose del Pijolindo, con esa risa escandalosa que tiene y que le reduce la cara a sólo (y enorme y feísima) nariz, alardeando de todas las tías que se ha follado, de las que se esta follando y de las que se piensa follar en lo sucesivo, los caretos que éste ponía, de entre póker, incredulidad y asombro,… en fin, aún me duele la tripa de los esfuerzos que tuve que hacer para no reírme a “calzón quitao”.

Para terminar por hoy diré que la alusión a la orilla del mar me ha recordado a Solange, un sueño, ya evaporado, de “chatero” novel. Puede que algún día cuente algo de ese sueño aquí.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Si culo veo.... (11AGO10)

Si señores.... hace tiempo vengo pensando en esto de tener un blog (¿no lo podríamos llamar de otra forma?)... pero la verdad, la proliferación de esta especie de diarios públicos, el hecho de que cualquiera que tenga cinco céntimos de "fama" lo utilice como medio para incrementar la venta de si mismo, la dificultad, en general, de hacerse un público y mi constante y aguda inconstancia venían siendo obstáculos que impedían mi desembarco “blogero” (¡dios mío, que horrendo vocablo!), peroooo… dado que un cercano pariente se tiró a este ruedo no hace mucho… pues eso, yo no voy a ser menos así que si culo veo, culo quiero. Yo también me apunto, aunque consciente de que mi vocación se limitará a conformarme con leerme a mi mismo.


A modo de presentación me diré que por mi trayectoria profesional y, afortunadamente también, vocacional, trataré, como hacía el Juez Klaus (o hace, ya sabemos que los gnomos son muy longevos), de dejar constancia de mis juicios, de las valoraciones que haga sobre cuestiones de toda índole, aunque, como no sabría hacer de otra forma, predominarán los pronunciamientos de carácter jurídico… quien sabe si a través del tiempo, si la constancia me lo permite, pueda extraer de estos comentarios todo o parte de mi tesis, jejejeje.

En fin, a ver que pasa….