Leía a la “libretera” (¿a que suena mejor que bloguera?) NABIA OREBIA sus reflexiones sobre las rupturas y la estrecha relación que las mismas, para ella y a lo leído en los comentarios para muchas más, tienen tales episodios con el chocolate y las bragas y se me vinieron a la cabeza, además de una reciente vivencia, una cascada de recuerdos.
En cuanto a la reciente vivencia, se trata de la sorprendente reacción que tuvo una “titi” conocida cuando al calor de sus múltiples rupturas, se me fundió el filtro que todos debemos tener entre la sesera y la lengua y le dije que cambiaba más de “tronko” que de bragas, a sabiendas de que es “súper relimpia” y se las muda constantemente (¡ojo! No hagáis el chiste facilón de interpretar o leer “sexera” por “sesera”, porque soy de los que piensan que justo ahí no tiene por qué haber filtros, salvo los, en su caso, necesarios y derivados del ya clásico dicho “pónselo, póntelo“).
Pero dejando aparte esa vivencia, que algún día de estos interpretaré, quiero entrar en los recuerdos, que en esta ocasión me condujeron a la buena de Ysaura.
Visualizando a Ysaura, lo primero que se me viene a la cabeza es lo sensacionalmente eclécticas que pueden llegar a ser las mujeres...cuando quieren, pues hay que reconocer que tienen, generalmente, cierta (¿solo cierta?) tendencia a la complejidad... recuerdo que en un film americano (perdón quise decir usano -no queda mal la palabreja para designar a los ciudadanos USA, ¿eh?-), un padre, hablando a su hijo y refiriéndose a las mujeres en general, pero con la vista puesta en la suya (esposa y madre, respectivamente), definía a éstas, más o menos, como aquellos seres permanentemente enfadados con uno porque habías infringido un montón de reglas que previamente NO conocías.
En cuanto a lo que he sentido, obviamente después de la ruptura y ahora siento por Ysaura, es cuestión que ya me he planteado alguna vez y la respuesta es compleja, aunque no complicada. Me explico: Mis sentimientos hacia Ysaura han ido variando en función del tiempo y de las circunstancias. Al principio y durante una larga temporada, tuve el corazón roto. Pasado algún tiempo, más o menos en la época de una visita clandestina que hicimos a la casa de campo familiar, donde estuvo con un compañero mío, no sentía pasión por ella. Le tenía cierto afecto y sentía una gran desazón por lo que sucedió, porque no me explicaba -y aún no me explico- como las cosas tomaron ese rumbo y de un plumazo, aun asumiendo mis propios errores como causa principal del efecto indeseado, me quedé sin la niña que amaba y sin el amigo al que más quería. Aunque he de confesar -y eso no dice bueno de mí- que aquella excursión la provoqué con un sentimiento de reivindicación frente a mi ex amigo (al que como es lógico, o quizá no tanto, hacía mucho que ni veía ni escribía). De alguna manera quería, en un momento dado, poderle decir a Aldo –así se llamaba el traidor- que era tan cornudo como yo.
Más adelante, cuando salía yo con una tal Andrea, deje de sentir ese cierto afecto y sentí pena. Fue la época del comienzo del matrimonio de Ysaura con el piloto de aerolínea, época en la que, dadas las ausencias del piloto, se movía como perro sin amo. Alguna vez coincidimos Andrea y yo con ella y realmente me hacía las cosas difíciles, pues no paraba de hacerme carantoñas y arrumacos en su presencia, lo que me resultaba profundamente desagradable y me ponía nervioso.
Desde la muerte de Aldo hasta la fecha, sigo sintiendo una profunda curiosidad mezclada con una especie de afecto nostálgico... ¡que jóvenes éramos y cuantas locuras hacíamos!... sinceramente creo que si llegase a satisfacer mi curiosidad, Ysaura no pasaría de ser un recuerdo más o menos amargo.
Y esto viene a cuento de lo leído a NABIA porque sé positivamente que los efectos de una ruptura van mucho más allá del chocolate y las bragas… y lo sé porque no en vano me pasé más de veinte años perseguido por fantasmas, aunque esa ya es otra historia que quizá un día me apetezca contar.
Pues claro que los efectos de una ruptura van más allá del chocolate y las bragas. Podía haber incluido muchas cosas en mi entrada pero no quise extenderme ni irme por las ramas, simplemente quedarme en esos primeros días en los que tienes que sobrevivir como sea.
ResponderEliminarPero las rupturas con personas que realmente te marcan no se solucionan en unos días, ni en semanas, ni en meses, ni en 19 días y 500 noches. Son cicatrices que se quedan de por vida, que van cambiando de color, como los sentimientos, y al final se vuelven claritas y se disimulan en la piel, pero que nunca desaparecen del todo.
Yo creo que no se puede hacer nada ante ello, solamente tratar de aprender de cada experiencia, aunque eso no sea mucho porque yo sé positivamente que siempre tropezamos con la misma piedra.
Por cierto, no conocía esa historia de Ysaura, y de hecho al entrar en tu blog pensaba que ibas a hablar de esa Ysaura, vieja bruja y cascada, que nos alquiló una vez una casa en Cercedilla para pasar el verano. Al principio estaba flipando en colores!!
a ver si un día me cuentas esta historia de Ysaura como es debido. :)