Pues si señor... ya se terminó la "vacatio" estivalera, un poco aburridillo de hacer lo mismo casi todos los días y que se resumía, como le decía a mi amiguete "RABOCOP" (llamado así por una amiga común y admiradora suya por aquello de que considera que este tipo es mitad "rabo" mitad "madero") en estar sentados en la playa mirando -y como no, cubicando- los culos de las tías que pasaban, bajo el pretexto de estar cansados y desear leer la prensa para no acompañr a nuestras respectivas parientas en el largo y conversado -coño, no paraban de hablar- paseo playero.
Eso de que las mujeres hablen tanto es un claro indicio de la premeditación del Creador (o sea, de libre albedrío nada) cuando decidió poner en circulación a Eva... el muy tuno ya sabía lo de la manzana y tenía previstos los castigos, tanto los que dijo, como lo de la expulsión del paraíso, aquello de que "... te ganaras el pan con el sudor de tu frente..." y "parirás con dolor..." como los que calló, entre otros el no dejarlas mudas, con lo guapas que están cuando están calladas... bueno, esto es broma, claro, no me gustaría que se interpretase que soy un machista de mierda, así que diré que supongo que ellas, en el mismo discurso omisivo-punitivo del Creador, habrían abogado porque los hombres fuéramos mancos o al menos el poder escayolarnos a voluntad, todos o alguo de nuestros miembros.
En fin… lo que me pareció mentira, después de años sin frecuentar la playa, es que existan mujeres superbonitas, dignas de ser miradas con arrobo no exento de respeto y reverencia… lo que en un primer momento me alegró mucho… justo hasta que caí en la cuenta de que esas ninfas no eran otras que las amigas de mis hijos que, como no, también van cumpliendo años.
Y entonces sentí mis “taytantos” como una verdadera losa… coño, si estoy tan calvo que sólo me veo patillas en el espejo, en el que tengo que mirarme de perfil de lo gordo que me he puesto… y de pronto caí en la cuenta que este 2010 cumplía cuarenta años, ¡cuarenta! (que como diría un vicioso del tute, no joden pero atormentan) desde que mis pies, siendo entonces un mocete en cuarto creciente, hollaron por primera vez ese lugar, esa playa, esa urbanización.
Y se me pasaron irremediablemente por la cabeza tantos recuerdos… los primeros besos, las francesas primero, las inglesas después, alguna holandesa… ninguna española (porque no quería líos con los papases y las mamases de las vecinitas y porque como bien es sabido, en la España –y con las españolas- de los primeros setenta, follar no era pecado, era milagro)… las primeras novias, el primer coche, mi inveterado MINI… la imagen de mi madre afeándome cabreada todas las faenas… tantas risas, tanta felicidad, tanta inconsciencia. Qué razón tenía mi padre cuando mis hermanos mayores (que siempre han dicho, los muy cabrones, que yo soy, o era, hijo de viejos, sin querer caer en la cuenta de que el pretendido "viejo", mi padre, me "corrigió" tanto o más que a ellos) o mi madre le daban las quejas de mis supuestos desvaríos al contestarles que me dejaran en paz ya que había cumplido con mi parte del “contrato” al tener encauzados sin problemas los estudios, porque ya tendría tiempo de sufrir, de saber lo que de verdad es la vida… de enterarme lo que vale un peine... ¡Que sabio era "jodío"!
Y andaba yo en estas meditaciones, sentado en la playa, un poco chafado, la verdad, cuando vi un culo pasar… el mejor culillo que he visto en mi vida enfundado en un bañador… el culillo "triañero" de mi nieta que, con la urgencia de irme con ella a rebozarme en la arena, hizo que concluyera la cavilación dando gracias a Dios porque (soy plenamente consciente de ello) he llevado, estoy llevando, una vida afortunada.
Así que terminaré hoy recordando los nombres de algunas de las chicas que por aquellos años me dejaron huella; unas las extranjeras, como novietas de más o menos “arrime”; otras, las españolas, como amigas entrañables a las que me unía un afecto absolutamente blanco (palabrita). Ellas fueron Marie (me regaló una clave de sol que llevaba como colgante), Laurence (una francesa guapísima a la que simplifiqué en Lorenza), Maud, Claire y Jenny, las dos Carol (no tenían nada que ver entre sí y entraron en mi vida en tiempos distintos y en diferente clase de relación), Debbie, Mandy (esta chica me gustaba un montón, tanto como el Rolls de dos puertas que traía su padre todos los años), Lynda (mi marinera dulce, guapa, apasionada y sincera Lynn, a la que un par de años después de recibirla, regalé la clave de sol de Marie), Rocío, Mari José, Mercedes, Purita, Marina, Macarena, las dos Palomas, Cristina “terremoto”, Monki, Manoli, Sonia… A casi ninguna de las citadas las he visto en los últimos veinticinco años, a la mayoría, en los últimos treinta. Vaya para todas ellas con el recuerdo, mi afecto y mi agradecimiento por lo que en cada momento me aportaron.
qué golfo eras de joven, madre mía!!! en cualquier caso, me alegro de que te sientas afortunado, mucho.
ResponderEliminary sobre las charlas de las parientas... joder, eso no lo aguanto ni yo, que también soy tia!