Hace unos días me refería a mi clave de sol y desd entonces no ha pasado ni un solo instante sin que el recuerdo de lo que para mi llegó a ser una preciada posesión me abandone, así que un poco como ejercicio de higiene mental, he decidido dedicar unas lineas a este asunto.
Me pregunto donde parará esa clave de sol que robe entre besos y caricias, como prenda de un amor imposible... imposible. Donde pararás tu dulce y ardiente Marie, jovencísima gacela marsellesa que entre mis brazos perdiste tu clave de sol... mi clave de sol. Que será, Marie, de tu gentil cuello, señor de la clave de sol que durante mucho tiempo pasó a ser prenda esencial de mi garganta y verdadera clave del entendimiento del que antes fui yo. Clave de sol que fue permanente recuerdo de tus ojos encendidos, de tus besos inexpertos y de tus risas, Marie, la niña francesa y traviesa, mi niña, que quiso descubrir en mis brazos el amor.
Y ahora sé, ahora sabemos ambos, que no hay permanencia que una eternidad dure porque, esta vez no robada, sino ofrecida, mi clave de sol dejó de ser mía. Fue entregada como prenda de mi afán imposible de apresar el cuello de Lynda. Lynda, tan bella... bella por dentro y bella por fuera, preciosa mujer, atormentada y solitaria, presa todos los atardeceres de la compañía de su botella de ginebra... Lynda, la dueña de mis etílicos desmarques solitarios, la que me enseño a beber para olvidar, la que me dio la dimensión de la anestesia amorfa del alcohol, por no recordar aquel amor fugaz entre mis playas y mis remordimientos, mis deseos y mis cobardías, amor fugaz si, pero también profundo entre la realidad dura de la haima norteafricana y la entonces prohibida realidad de Gibraltar.
Con mi clave de sol quedaste Lynda y con ella te dejé un jirón de piel y un millón de lágrimas. De tu lealtad supe que el amor de otro hombre había anidado en tu corazón, a cambio del recuerdo de tus besos, salados y bereberes, del recuerdo de tus caricias... a cambio del recuerdo de tus manos aferradas a mis brazos... a cambio del recuerdo de tu sonrisa marinera.
qué triste :( te han pasado muchas cosas que nunca me has contado
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