martes, 4 de diciembre de 2018

ESPISTOLARIO TRASATLÁNTICO I


ESPISTOLARIO TRASATLÁNTICO

I.- Presentación.
Andando los años y cuando ya he sumado casi otros diez a los “taytantos” que tenía cuando comencé la aventura de escribir un “e-cuaderno” (me mantengo militante en la decisión de evitar en lo posible los palabros neologistas derivados de la aparente incuria hispana para inventar primero cosas y designarlas con vocablos en español), he decido, una vez más, dar un impulso a la publicación de algunas de mis vivencias, porque evidentemente, aquella primera intención de dedicar el e-cuaderno a comentarios de índole jurídica ya no tiene mucho sentido, por falta de la necesaria disciplina para mantener cierta regularidad y también, por que no reconocerlo, porque tengo la plena conciencia de que a mis casi cero seguidores (yo mismo soy el único seguidor que impide desterrar el “casi”) les importa una mierda. O lo que es lo mismo, que escribo para mí porque me gusta leerme, en un ejercicio de autoconsumo evidente, lo que se puede decir más alto, pero no más claro.
Y llegados a este punto, vuelvo a asirme a los recuerdos que, como no, han dejado huella profunda sobre mí, así que voy a contar la historia que me unió a mi dulce rosarina, una deslumbrante gaviota que tuve la suerte de encontrar en un chat (prometo que cuando se me ocurra un nombre apropiado para este invento lo utilizaré, pero de momento me tengo que conformar con el palabro) al que accedí allá hacia el año 94, en los albores de esta magia que se llama internet.
Por aquellos años, eso del chat era como una aventura pionera… incluso no se bien si ya había acceso libre a internet en España o aún se navegaba a través de una plataforma que se llamaba “ibertex”, pero lo cierto es que contacté con alguien que aparentaba ser mujer y parecía interesante.
Recuerdo que antes de contactar se debía enviar una especie de carta de presentación y solo si al destinatario (en este caso destinataria) le cuadraba, permitía el contacto…. Esta es la historia de mi dulce Gabyta, amiga querida, profunda y respetada de allende los mares, con la que después de contactar tuve la oportunidad de compartir vivencias, desvelos y cariños, generalmente mediante los e-correos, pero también de viva voz, a través del teléfono.  
Pero para entender lo que a continuación diré deben tenerse en cuenta algunas cuestiones, entre ellas:
-Que como la relación se desarrolló de manera epistolar, publicaré las cartas más interesantes, lo que significa que el contenido de sus respuestas debe ser atribuido exclusivamente a ella, lo que digo no por el contenido de sus opiniones, que desde aquí hago mías, sino por la calidad de sus escritos, si bien, dada su condición de argentina y mi afición por emular los modos de hablar nuestra común lengua, en muchas de las comunicaciones, suyas y mías, aparecen palabras escritas a la manera de aquel país.
-Que nunca nos tuvimos a la vista, salvo por algunas fotografías que nos enviamos y por eso nunca pude sentir el tacto de sus manos. Si es cierto que estuvimos a punto de vernos cuando viajé con mi mujer a Uruguay y Argentina, hasta el punto de que para recibirnos a ambos se deslomó literalmente en preparar su casa para la acogida, que finalmente no se produjo por culpa de una enfermedad que me sobrevino y me tuvo postrado justo los días previstos para la visita. Sinceramente creo que después de ese fiasco nuestra relación ya no fue la misma.
-Que esa relación, conocida y tolerada por mi mujer, hasta el punto que, como ya he dicho, se avino a conocerla conmigo, tampoco me demostró que una mujer y un hombre (o al menos este hombre) puedan ser sólo amigos… el grado de afecto que terminé cogiendo (¡ojo!, expresión maldita en Argentina, debería sustituirla por “teniendo”) a Gabyta fue muy intenso, si bien es verdad que jamás tuve un pensamiento erótico hacia ella.
-Que en principio no tengo un orden preestablecido de publicación de las misivas, aunque trataré de ajustarme, siempre que mis recuerdos y las copias de los correos que guardo lo permitan, a su cronología… pero lo verdaderamente importante es su contenido, no las fechas, que a veces podrán deducirse de los comentarios de actualidad que algunas de ellas puedan contener.
A partir de ahora, los correos.

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