ESPISTOLARIO TRASATLÁNTICO
I.- Presentación.
Andando los años y cuando ya he
sumado casi otros diez a los “taytantos” que tenía cuando comencé la aventura
de escribir un “e-cuaderno” (me
mantengo militante en la decisión de evitar en lo posible los palabros
neologistas derivados de la aparente incuria hispana para inventar primero
cosas y designarlas con vocablos en español), he decido, una vez más, dar un impulso
a la publicación de algunas de mis vivencias, porque evidentemente, aquella
primera intención de dedicar el e-cuaderno a comentarios de índole jurídica ya
no tiene mucho sentido, por falta de la necesaria disciplina para mantener cierta
regularidad y también, por que no reconocerlo, porque tengo la plena conciencia de que a mis
casi cero seguidores (yo mismo soy el único seguidor que impide desterrar el “casi”)
les importa una mierda. O lo que es lo mismo, que escribo para mí porque me
gusta leerme, en un ejercicio de autoconsumo evidente, lo que se puede decir
más alto, pero no más claro.
Y llegados a este punto, vuelvo a
asirme a los recuerdos que, como no, han dejado huella profunda sobre mí, así
que voy a contar la historia que me unió a mi dulce rosarina, una deslumbrante
gaviota que tuve la suerte de encontrar en un chat (prometo que cuando se me ocurra un nombre apropiado para este
invento lo utilizaré, pero de momento me tengo que conformar con el palabro) al
que accedí allá hacia el año 94, en los albores de esta magia que se llama
internet.
Por aquellos años, eso del chat era
como una aventura pionera… incluso no se bien si ya había acceso libre a internet
en España o aún se navegaba a través de una plataforma que se llamaba “ibertex”, pero lo cierto es que
contacté con alguien que aparentaba ser mujer y parecía interesante.
Recuerdo que antes de contactar se
debía enviar una especie de carta de presentación y solo si al destinatario (en
este caso destinataria) le cuadraba, permitía el contacto…. Esta es la historia
de mi dulce Gabyta, amiga querida,
profunda y respetada de allende los mares, con la que después de contactar tuve
la oportunidad de compartir vivencias, desvelos y cariños, generalmente mediante
los e-correos, pero también de viva voz, a través del teléfono.
Pero para entender lo que a
continuación diré deben tenerse en cuenta algunas cuestiones, entre ellas:
-Que como la relación se
desarrolló de manera epistolar, publicaré las cartas más interesantes, lo que
significa que el contenido de sus respuestas debe ser atribuido exclusivamente
a ella, lo que digo no por el contenido de sus opiniones, que desde aquí hago
mías, sino por la calidad de sus escritos, si bien, dada su condición de
argentina y mi afición por emular los modos de hablar nuestra común lengua, en
muchas de las comunicaciones, suyas y mías, aparecen palabras escritas a la
manera de aquel país.
-Que nunca nos tuvimos a la vista,
salvo por algunas fotografías que nos enviamos y por eso nunca pude sentir el
tacto de sus manos. Si es cierto que estuvimos a punto de vernos cuando viajé
con mi mujer a Uruguay y Argentina, hasta el punto de que para recibirnos a ambos
se deslomó literalmente en preparar su casa para la acogida, que finalmente no
se produjo por culpa de una enfermedad que me sobrevino y me tuvo postrado
justo los días previstos para la visita. Sinceramente creo que después de ese
fiasco nuestra relación ya no fue la misma.
-Que esa relación, conocida y
tolerada por mi mujer, hasta el punto que, como ya he dicho, se avino a conocerla conmigo, tampoco
me demostró que una mujer y un hombre (o al menos este hombre) puedan ser sólo
amigos… el grado de afecto que terminé cogiendo
(¡ojo!, expresión maldita en Argentina, debería sustituirla por “teniendo”) a
Gabyta fue muy intenso, si bien es verdad que jamás tuve un pensamiento erótico
hacia ella.
-Que en principio no tengo un
orden preestablecido de publicación de las misivas, aunque trataré de
ajustarme, siempre que mis recuerdos y las copias de los correos que guardo lo
permitan, a su cronología… pero lo verdaderamente importante es su contenido, no
las fechas, que a veces podrán deducirse de los comentarios de actualidad que
algunas de ellas puedan contener.
A partir de ahora, los correos.
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