miércoles, 6 de octubre de 2010

LLEVO VEINTE AÑOS PERSEGUIDO POR FANTASMAS (y IV)

Había dicho que Ysaura y Aldo, para "entretenerse" más de lo que ya hacían, se deslizaron a mi dormitorio sin encomendarse ni a dios ni al diablo y sin decir palabra alguna. Y también que yo me encontraba atado de pies y manos porque había impuesto a Ysaura una contumaz relación de amistad conmigo, grande, pero libre de los compromisos propios de la relación amorosa y, en consecuencia, ni tenía derecho ni podía, si quería salvar mínimamente mi dignidad, expresar otra cosa que aprobación e incluso alegría porque dos grandes y buenos amigos encontraran entre si y recíprocamente la "felicidad".
En esos momentos me aproximé al conocimiento del infinito absoluto. Realmente las dos o tres horas que pasaron en mi dormitorio se me hicieron eternas y no sé cuantas veces pude oír en ese tiempo al Dylan y al Moustaki, cuyos discos repetía una y otra vez, tras amordazar muy finamente a la pelma con el pretexto (por otro lado cierto y conocido de mis amistades) de que cuando me pongo a oír música, sólo me gusta oír música (y absolutamente nada más).
Y por fin salieron los tórtolos del nido que me habían tomado... era sobre la una de la madrugada y todos comprendimos que ya debíamos reintegrarnos a nuestras respectivas casas. Refrescaba un poco, de modo que apetecía echarse un ligero suéter ("sweter", otro anglicismo escrito y leído a la española) sobre los hombros. Ni que decir tiene que como era el único que estaba en esa posibilidad, presté a Aldo y a Claudia una prenda y a Ysaura la mejor que tenía y por supuesto, Aldo y yo acompañamos a las chicas a sus casas, en mi Mini.
Regresados a casa, la despedida con Aldo fue el habitual "hasta mañana" que se suele pronunciar cuando ya van haciendo ganas de recogerse y no ha pasado nada. No dijo nada durante el trayecto de ida a dejar a las pibas, no dijo nada durante el trayecto de vuelta.
Sin entrar en detalles sobre todo lo que se me paso por la cabeza durante el resto de la noche, que pasé en vela, ese "hasta mañana" resultó ser utópico, pues no vi a Aldo ni a la mañana siguiente ni en los siguientes días, pocos, pues debía reincorporarse a sus tareas escolares. Pero no era nada raro que se produjera esa situación, porque desapariciones así ya las había convertido él en habituales. Ya me había repetido más de una vez la misma conducta: llegar él de La Unión, reencontrarnos, presentarle yo la niña de turno y desaparecer hasta las siguientes vacaciones, dejando como único medio para regar nuestra amistad el servicio postal.
Tampoco vi a Ysaura durante esos días, hasta dos o tres después de haberse marchado Aldo, convocándonos temprano una fresca y soleada mañana en la Plaza de Oriente, donde acudió con un montón de amigas (entre ellas la pérfida Claudia y también una tal Adelia, de quien más adelante hablaré), me devolvió ciertos discos que le había prestado y se negó en redondo, cortés pero fría y firmemente a que desayunáramos juntos, incluido su séquito, por supuesto. Eso sí, ante ese malísimo tiempo, yo seguía poniendo buena cara y le anuncié que esa temporada iría más a menudo por la casa de campo de mi familia, en un pueblecito de Guadalajara, por lo que tendríamos menos oportunidades de vernos.
Al poco, recibí una carta de Aldo, que me escribía como si no hubiera pasado nada. Carta a la que yo no contesté porque había decidido romper la amistad bajo el  pretexto de sus habituales desapariciones. Días después una segunda carta de Aldo ya tocaba el tema de Ysaura y me ofrecía deshacerse de ella si es que estaba molesto por lo sucedido. Sí contesté esa carta, diciéndole que Ysaura y yo éramos tan amigos como siempre y que no merecía mi amistad, no sólo por desaparecer del mapa una vez y otra vez, nada más haber obtenido de mi lo que pretendía, sino también por mercadear con mi amistad y los sentimientos de Ysaura... en fin, la cosa quedó muy fina y no volvimos a saber el uno del otro en muchos años.
Por supuesto, puse en conocimiento de Ysaura esa carta y la respuesta mía, a través de Adelia, pues tanto ella como yo nos evitábamos.
Y pasaron los meses.... llenos de largas noches de pena y agonía. Realmente tenía el corazón destrozado y no conseguía quitarme de la cabeza a Ysaura.... no me apetecía ni mirar a otras chavalitas, que no se por qué siempre revoloteaban a mi alrededor, sin entender nada de lo que me pasaba.
Llegué a aproximarme al autista que debí haber sido… sólo me perturbaba su recuerdo, cuando sucedió algo extraño: una tarde estaba estudiando en la biblioteca de la facultad cuando de pronto se presentó un hermano de Aldo y me entregó, de su parte y para devolver a Ysaura, una preciosa esclava de oro que ésta le había regalado. No hice preguntas y me limité a enviársela a través de Adelia, pero no comprendía el por qué ese encargo del usurpador.
Como un año después, en una fiesta, me encontré inopinadamente a Ysaura y a Adelia. No sabía cómo reaccionar y no sé cómo ni por qué, ya anocheciendo, me vi embarcado en mi auto con Adelia, Ysaura y otros dos compañeros y amigos, íbamos en total cinco rumbo a El Escorial, donde Bruno, uno de mis amigos tenía un enorme y lujoso chalet en el que sus padres pasaban algunos fines de semana y que era casa conocida de toda la peña. Sólo me dio tiempo a pedir a uno de mis amigos que me quitara a Ysaura de encima, lo que cuando llegamos al chalet consiguió sin ninguna dificultad, perdiéndose los cuatro (Adelia le había pedido lo mismo respecto de mi a mi otro compañero) en las profundidades de la casa, mientras yo, que me había quedado solo y desparramado en un sofá  del cuarto de juegos, no paraba de pisar nuevamente, una y otra vez, con Soledad Bravo, las calles de Santiago ensangrentadas.
Volvimos al amanecer, ellos arrullándose, yo silbando mientas conducía… y salvo algún que otro encuentro esporádico, no volví a ver a Ysaura hasta cuatro años después, con ocasión de la muerte de Aldo, aunque si supe que se había casado con un aviador comercial.
Aldo y yo no nos volvimos a hablar hasta pocos meses antes de su muerte. Mi mujer y yo para entonces ya estábamos comprometidos y nos encontramos con él en un bus. Nos saludamos, le presenté a mi novia y quedamos una tarde para tomar unos vinos. Éramos los dos mucho más maduros (yo ya había cumplido los 26) y abrimos una pequeña vía de comunicación que prometía, pero no pudo llegar a más por trabajar Aldo fuera de Madrid y en seguida acaecer su muerte.
La muerte de Aldo fue digna de un número uno como él era y me sorprendió estudiando mis oposiciones, una tarde de febrero. Me la comunicó mi hermana y obviamente subí de inmediato a su casa a mostrar mi condolencia y a ofrecerme a su madre y hermanos para lo que pudieran necesitar.
Por la noche dieron la noticia en televisión y nada más darla sonó el teléfono… resultó ser Ysaura pidiéndome, toda llorosa, confirmación de la noticia que acaba de oír en la tele. Se la di y nos concertamos  para ir al velatorio la mañana siguiente, una vez llegado el cadáver a Madrid.
La recogí y marchamos los tres (mi novia también) al lugar de despedida y salida del entierro. Al llegar, nos dejó a todos con los ojos a cuadros (ojipláticos, se dice ahora) porque nada más entrar en el velatorio, Ysaura se tiró sobre el ataúd, transportada sobre sus propios alaridos, como si fuera la viuda más desconsolada del mundo. Aldo, cuando murió, permanecía soltero, aunque estaba en relaciones con una chica que obviamente no conocía a Ysaura y que quedó de una pieza..., el caso es que con todo y con eso, enterramos a Aldo y desde entonces Ysaura y yo mantenemos contacto, pues una vez al año, cada 14 de abril, llamo a Granada, donde vive y le felicito su cumpleaños.
Pero de un tiempo a esta parte los fantasmas han desaparecido. Después de una noche pensando en estas cosas en solo unas horas llegué a la conclusión de que en realidad Aldo no me traicionó, porque se prestó a un juego propiciado por Ysaura para ver si con el espolón de los celos por fin daba el salto que ambos tanto anhelábamos. Evidentemente, lo que Ysaura pudo ver en mi no fue un estallido de celos sino una fría y condescendiente bendición a ese emparejamiento y de ahí su inquina posterior y su definitiva pérdida, pues ambos, por razones contrapuestas nos habíamos recíprocamente invalidado.
Desde luego esa explicación encaja con la rocambolesca devolución de regalos que me encargó Aldo a través de su hermano, pero también son ciertas dos cosas: Una, que si fuera teatro, hubiéramos sido todos dignos al Premio Nacional de Interpretación, ellos por su maravillosa asunción del papel de amantes y yo por mi no menos meritoria interpretación del frío, amable y digno amigo de la dama; dos, porque aun tardando tanto como he tardado en encontrar sentido a todo lo que pasó, no deja de ser la explicación más satisfactoria para mi vanidad.
En fin, cualquier día de estos lo mismo me atrevo a acercarme a Granada y pedirle a Ysaura que me cuente  lo que de vedad pasó.

sábado, 2 de octubre de 2010

LLEVO VEINTE AÑOS PERSEGUIDO POR FANTASMAS (III)

Y llegó el día y llegó la hora… y los cuatro nos juntamos en casa. Fue relativamente corto el trámite del chocolate, pero lo que en principio atribuí a la mala fortuna y luego a la mala fe, hizo que comenzáramos el trato cambiados, es decir: Ysaura y Aldo se enfrascaron en una conversación y Claudia, que no me dejaba ni a sol ni a sombra, comenzó a aburrirme con lo que a lo largo de las horas se convirtió en un monótono monologo suyo salpicado con algunos monosílabos míos. La cosa era tremenda. Por más que lo intentaba no podía prestar atención a lo que la tal Claudia, machaconamente, me refería, porque todo mi ser estaba pendiente de lo que sucedía entre los otros dos y aunque creo que se notaba palpablemente, Claudia era inasequible al desaliento (y además se reveló como una oradora de fondo, a lo Fidel)... aun me pitan los oídos cada vez que recuerdo la gran retahíla de casi cinco horas sin parar.
Una de las cosas que me llamó muchísimo la atención, al meditar luego sobre lo sucedido, es que al comienzo estábamos los cuatro sentados uno junto a otro, pero imperceptiblemente ellos dos se fueron separando y terminaron en el extremo opuesto de la sala, mientras que Claudia y yo permanecimos clavados en nuestras "posiciones de salida". De pronto, la vista se me nubló en rojo, la sangre me inundó la cabeza y el corazón, mi pobre corazón -desde aquel día quedó irremediablemente tendido al sol, como diría Víctor Manuel- dio un gran vuelco, tan grande que a poco se para.... Ysaura y Aldo se estaban besando apasionadamente.... y la otra seguía con su runrún como si no notara removerse las entrañas de la tierra bajo su jodido culo, como si no se diera cuenta de que estaban estallando cientos de volcanes en torno nuestro... inexplicablemente no veía desplomarse el sol ni reventar las estrellas, seguía, impertérrita, con su abrumadora e insulsa cháchara (juro por la más sagrado que salvo recordar el tema -filosofía-, no hubiera podido decir al día siguiente absolutamente nada de su contenido). Estaba fundiéndose el mundo a mi alrededor... pero, de pronto, todo dejó de tener significado, se esfumaron los astros hirvientes, cesó el temblor telúrico, mi corazón bruscamente pasó del fuego abrasador al frío absoluto e incluso dejé de oír el solemne coñazo que me estaba dando Claudia, cuando mi amada y mi amigo, sin articular palabra, salieron de la sala y se introdujeron en MI dormitorio.... me encontré solo, flotando o, mejor dicho, levitando en la habitación y la única sensación que recuerdo era la que me proporcionaba el rítmico y rápido martillear de las arterias en mis sienes.
Sé que es muy alambicada la descripción que estoy dando de esos momentos, pero no me basta con escribir simplemente que sentí un profundo dolor… fue algo más, fue algo que desgarró hasta en el último rincón de mi ser. En mi hay un antes y un después de esa tarde.
En ese trance, puedo asegurar que las intenciones de Otelo eran propias de un niño de jardín de infancia en comparación con las mías, pero.... yo era un caballero y además y por encima de todo, no tenía derecho a exigir nada de Ysaura porque nunca había consentido entablar un compromiso con ella... otra cosa era Aldo, que estaba perfectamente enterado de la situación y por ello de mi desasosiego.

¿ESTO QUE ES, UNA HUELGA O UNA JUERGA GENERAL?

KLAUS DICE:
Esta entrada viene a cuento de la de mi admirada NABIA OREBIA de 30 de septiembre de 2010
En lo que se ha podido ver, la huelga ha sido más política que sindical. Me explico, una huelga que se convoca con tres meses de anticipación contra unas determinadas medidas del gobierno (no lo olvidemos, la reforma laboral) no puede transformarse en una huelga contra los empresarios (a quienes también se les impuso dicha reforma) y determinados líderes políticos, casualmente del PP y sobre todo, no puede ni debe transformarse en una huelga contra la gente...
Por ello, por su carácter político, no ha sabido explicarse coherentemente por los sindicatos el pretendido fundamento social de la huelga y, a este respecto, creo que han fallado en profundidad, porque en el fondo, la reforma laboral la han justificado en lo que ha dado en llamar "abaratamiento del despido", como si el despido fuera caro en España.
Soy del criterio de que en España el despido es barato y digo esto porque si consideramos que el despido, tal y como está regulado, puede ser bien por causas económicas bien por causas disciplinarias y en ambos casos, puede ser a su vez ser procedente (es decir, con arreglo a la ley) o improcedente (es decir, contrario a la ley).
El efecto principal del despido procedente por causas económicas (es decir, ajustado a las previsiones legales, que entre otras cosas requieren que tales causas sean ciertas y se demuestren por el empresario) es que genera una indemnización a favor del trabajador, equivalente a veinte días de salario por año trabajado en la empresa. Pues bien, este efecto no se toca por la reforma laboral, que mantiene los veinte días de indemnización con la particularidad de que ahora sólo doce serán a cargo del empresario y ocho lo serán a cargo de un llamado Fondo de capitalización que se crea exprofeso y en consecuencia garantizados por el Estado (lo que por cierto, en un determinado momento puede generar más déficit).
El efecto principal del despido procedente por causas disciplinarias (que igualmente deben ser las establecidas en la ley, ciertas y probadas por el empresario) es simple y llanamente el despido sin derecho a indemnización ni a subsidio de desempleo.
En ambos casos,  tanto en los despidos por causas económicas como cuando son por causas disciplinarias (dejando aparte los supuestos de despidos disciplinarios legalmente calificados de NULOS, que tienen otro tratamiento), los efectos del despido IMPROCEDENTE son los mismos, a saber: generan una indemnización a favor del trabajador de cuarenta y cinco días de salario por año trabajado o, el derecho a ser readmitido…. Sí, EL DERECHO A SER READMITIDO es la alternativa a la indemnización para satisfacer a aquellos trabajadores cuyos despidos son declarados improcedentes (es decir, ilegales).  Esta cuestión TAMPOCO  la modifica la reforma laboral.  
Y es justo en este punto donde ciertamente está la madre del cordero y respecto del que creo que la actitud de los Sindicatos está ayuna de imaginación, de oportunidad, de debate, de explicación y de justicia y por tanto donde se demuestra que esta huelga ha sido una operación absolutamente demagógica, porque la capacidad de optar entre readmisión o indemnización NO corresponde al trabajador, sino al empresario, de modo que a éste le sale muy barato, en los casos de trabajadores con poca antigüedad, mandarlos a la calle porque no les gusta su cara o simplemente porque les da la gana.
En mi opinión, los sindicatos deberían haber puesto mucho más énfasis en equiparar los efectos del despido improcedente a los efectos del despido NULO (el reingreso inmediato del trabajador) o, en su caso, en atribuir al trabajador y no al empresario, la capacidad de optar entre reingreso o indemnización. Ellos sabrán porque no lo han hecho ni tienen pensamiento de hacerlo. Ellos sabrán porque no se explica esto. Ellos desde luego SI SABEN,  que la capacidad de optar entre el reingreso o la indemnización sólo está en manos de CIERTOS trabajadores, curiosamente los que están desempeñando funciones de representación sindical o las hayan desempeñado dentro de los dos años anteriores a la fecha del despido improcedente, lo que en Gnomolandia se describe con una significativa frase: “Barriendo para casa”.

Este es el dictamen del JUEZ KLAUS, el gnomo.