jueves, 31 de marzo de 2016

SUEÑOS (I)


Los sueños de hoy.


Al despertar por la mañana.-

Esta mañana, justo antes de despertarme estaba soñando que una mujer, esposa de alguno de los amigos (luego sacaba la cara de Petri), Pepe Carballo y yo estábamos gestinando el viaje del grupo de amigos a Nairobi y llegó el momento de hacer los diferentes pagos para las reservas. Yo pensaba que ello no debería suponer problema alguno, porque podría hacerse manejando las cuentas de los bancos a través de sus respectivas oficinas electrónicas pero Petri, la mujer de Pepe, decía que no, que ella nunca manejaba sus cuentas a través de internet porque  no se fiaba de los piratas informáticos y que prefería ir en persona a su sucursal bancaria, objeción que fue apoyada por Pepe. Así que me vi acompañando a mis amigos a través de una larga e intrincada red de metro, para llegar a la oficina bancaria.
Era verano, hacía calor y yo llevaba ropa fresca y nueva pero un tanto complicada, algo así como un traje de esquiar de dos piezas, con el chaquetón y los pantalones dotados con sus correspondientes forros de abrigo. ¡Curioso para ser verano y consistir en ropa fresca!
El caso es que en un momento determinado llegamos a una especie de plazoleta de una estación, algo así como una sala de comunicación de un intercambiador de transportes, donde yo dije que nos sentáramos un momento en un puesto de café para quitarme la chaqueta, porque iba teniendo calor y así lo hicimos. Me despoje de la complicada chaqueta y le pedí a Pepe que me la sujetara, porque me tenía que ajustar los pantalones (y su forro). Al hacerlo percibí que me quedaban anchos, sobrándome bastante de la cintura y me dije: "coñó, si que se va notando el régimen que estoy haciendo”.
En ese momento, al cogerme Pepe la chaqueta, ésta se desplegó y de su interior salió como una especie de estuche con una caña de pescar desmontada y también una escopeta de caza, de dos cañones en paralelo, desmontada en sus tres principales  piezas: culata, cañon y pasamanos. Pepe la empezó a ensamblar y en ese momento, dos policías uniformados irrumpieron repetentinamente, apuntandonos con sus armas a Pepe y a mi (a mi concretamente con una escopeta de las que usa la Policía), gritándonos que no nos movieramos y que pusieramos las manos en alto, cosa que hicimos al instante, quedando en mi mano (no se por qué) el cañon de la escopeta, que recogió el policía sin dejar de apuntarme a bocajarro. Procedieron a registrarnos y a mi no me encontrarón nada, pero a Pepe, primero le encontraron una pistola pequeña, totalmente niquelada y con cachas de nacar y, en una revisión más a fondo, le sacarón una pistola muy grande, en su funda.
Pero debió haber aparecido la acreditación de Pepe como detective privado y por otro lado, el policía que me había cogido el cañon de la escopeta estaba comprobando a través de su radio transmisor el número de serie (que curiosamente leía en la parte de madera de la culata, que se apoya al hombro) y le oía comentar que ese arma estaba limpia, por lo que pensé que estando como estaba en pleno sueño, me podía permitir añadir a mi documentación mi licencia de armas y la guía de pertenencia de la escopeta, con lo cual no tendría problemas. Los policías, sin embargo no llegaron a pedirme documentación alguna y el que me había estado apuntando con su arma, me devolvió la escopeta montada por lo que le dije que ya que se había encontrado la escopeta desmontada, me la devolviera de la misma manera, cosa que hizo sin chistar para marcharse después sin mas incidencias.... y fin del sueño.

Al despertar de la siesta:

Ha sido extraño y se ha localizado dentro de lo que en el propio sueño he dado en llamar "Infra Red de Saneamientos y Servicios" (IRSS) de Londres. Es decir el dédalo de galerías subterráneas por donde discurren los servicios de alcantarillado, tendido eléctrico, de telefónia y distribución de agua, gas y otras instalaciones de la ciudad.  
Yo vivía en un apartamento conectado de alguna manera, como otras viviendas y locales, con la IRSS. Mi apartamento, pequeño,  estaba en el nivel más cercano a la superficie, en cuya boca se señalaba con una especie de barras paralelas pintadas sobre la pared, de distintas longitudes, según su sucesiva profundidad, a cuantos niveles se podía descender, estando escrito en cada una de las barras el nombre del lugar al que se llegaba.
Desde mi apartamento y no se sé muy bien mediante que curioso mecanismo, podía ver las sucesivas viviendas o locales que en los distintos niveles había bajo su vertical y, reciprocamente, los de abajo podían ver a los de arriba. Además, los de más abajo, tenían que pasar necesariamente por la entrada de mi apartamento para acceder a la superficie y para regresar a sus respectivos cubiles. Era un lugar peligroso y yo tenía escondidas mis cosas de valor en una especie de armario pequeño, empotrado en la pared, cerrado con dos puertas como de madera de vela y con un candado de combinación. La idoneidad del sitio venía establecida por su ubicación escondida, no por la resistencia de sus materiales a un posible intento de descerrajamiento.
En un momento dado en el que yo estaba manipulando el candado de ese armario que estaba dando problemas, me di cuenta de que sin querer había revelado se existencia porque  escuché a alguien comentaba con otro su intención de robarme.
En esa tesitura decidí anticiparme y contando con ayuda policial - operación legal - arrojé algo inflamable ante la presencia y con la intervención de una mujer rubia que no era policía. Ese líquido inflamable alcanzó a uno de los malhechores desfurándole completamente la cara y siendo detenido a continuación.
Así quedaron las cosas, pero después de muchísimo tiempo, cuando áquel asunto ya no era sino un mal recuerdo lejano, la mujer rubia, cuyo hermosísimo aspecto parecía desmentir rotundamente el paso de los años para ella, se presentó inesperadamente en mi casa para prevenirme de que el delincuente desfigurado había salido de la trena y pretendía vengarse de mí.
Justo cuando me lo estaba contando vimos como el delicuente, que llevaba una protesis total de cabeza, de acero muy brillante, acompañado por otro individuo con semejante aspecto, bajaba sigilosamente hacia mi casa con la intención, según me estaba contando la bella rubia, de encerrarnos en ese local a todos los que particiamos en su desfiguración, detención y prisión para quemarnos vivos. Y justo en ese momento y sin solución de continuidad, mi sueño me trajo la visión del secuestro de la mujer rubía, a la que habían desnudado y encadenado a un artilugio que solo le permitía moverse gateando. Ahí terminó el sueño.


No hay comentarios:

Publicar un comentario