sábado, 15 de diciembre de 2012

PERDON, QUISE DECIR GALLARDÓN (IV)

Y llegó el año 95. Hacía ya varios años que había cambiado de sitio en los estrados y por una carambola del destino, en julio de ese año me vi aupado a un alto cargo dentro de la nueva administración regional de Madrid, que encabezaba GALLARDÓN tras trece años de leguinato y fue a partir de ese momento cuando tuve ocasión de conocer mucho más de cerca a este señor. Lo primero que sorprendió fue que se dieran ordenes, sí, ordenes, digo bien, de no hablar mal del presidente ni en privado. Estas ordenes las impartió personalmente al gabinete directivo el principal responsable del organismo donde aterricé... en la primera reunión que mantuvimos. Realmente me dejó perplejo que la primera preocupación, transformada en primera orden, que se nos hacía llegar desde el Consejo de Gobierno tuviera que ver con el establecimiento de un incipiente culto a la personalidad del Presidente, porque la verdad, la situación en que habían dejado los predecesores a la Comunidad de Madrid era lamentable y bien pudiera resumirse en tres puntos: ni un duro, porque al mes de julio se habían cepillado todo el presupuesto; ni un papel, porque no encontramos ni un sólo expediente, ni una sola nota de servicio interior y por otro lado,  un montón de compromisos contractuales, muchos, la mayoría, por adjudicación directa realizada en el periodo que va desde la celebración de las elecciones hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno, eludiendo además, por días, la entrada en vigor de la entonces novedosa Ley de Contratos de las Administraciones Públicas y que en no pocas ocasiones vinculaban a la Comunidad por varios ejercicios e importantísimos montantes económicos. Eso si, con la que estaba cayendo (quizás algún día se decida a contarlo mi admirado Antonio Beteta), lo más importante no era hablar bien de GALLARDON, era simplemente no hablar mal del susodicho.

PERDÓN, QUISE DECIR GALLARDÓN (III)

Yo contestaba a MANOLON con aquel viejo dicho según el cual "agua pasada no mueve molino", porque lo cierto es que el bueno de GALLARDÓN llebava ya varios años dedicàndose a la política activa y además era un exaltado que combatía contra todo. Por esas fechas (86/87) otra de sus "bestias negras" era JIMENEZ LA BLANCA, que a la sazón ostentaba el cargo de Fiscal Jefe de la otrora Audiencia Territorial de Madrid y además, siempre según MANOLON, era el habilitado de clases pasivas más importante de Madrid, cargo que compatibilizaba con el "fiscalato" por una gracia especial que en su momento le había otorgado el mismísimo FRANCO.
Pero sigamos con GALLARDÓN.
En lo que a mi se refiere, no seguí las andanzas del personaje mucho más allá de lo que tardó MANOLON en autodefenestrarse, que no fue mucho, de manera que mis recuerdos sobre él, hasta el 95, se limitan a sucesos políticos muy puntuales y mediaticos, como el de PIÑEIRO.

PERDON, QUISE DECIR GALLARDON (II)

Pues eso, años 86/87 (no 86/86, evidentemente).... Servía yo en un juzgado madrileño y uno de los fiscales que tenía asignados, "Manolón", que se había significado por ser el más díscolo de España, me puso al cabo de la calle de lo que había hecho -según refería- el entonces meritorio de AP. En pocas palabras me vino a decir que se le había otorgado una bula especial para dejar su destino en Cádiz y venirse a Madrid por el artº. 33, es decir: había dejado su destino (no podría hablarse propiamente de abandono) por sus santos...  (dado mi compromiso de no ser grosero, ponga cada cual el epíteto que mejor le parezca)  y se había venido a Madrid con la complacencia de sus superiores pero sin esperar a que terminara la tramitación de su solicitud de pasar a la correspondiente situación administrativa dentro de la Carrera Fiscal. Ya apuntaba entonces el joven proyecto de político su carácter de "niño consentido", haciendo valer la influencia de su famoso papá  y de pasada, su condición de nietísimo del otrora famoso "TEBIB ARRUMI". 
Algún día contaré la impresión que me hizo un artículo suyo, del aludido papá digo, publicado en la tercera del ABC, en el 76 y la impresión, aún mayor, que tuve cuando un compañero del ya mentado en demasía, papá, de, llamemoslas "andanzas" me las comentó) (continuará).

PERDON, QUISE DECIR GALLARDÓN

Pido perdón, humildemente. La altura que como Juez quiero dar a estos comentario debe huir de las descalificaciones gratuitas, así que eso, vaya mi contrición junto con mi propósito de enmienda, pero es que después de haber trabajado en todas las Administraciones que ha dirigido el hoy Ministro de Justicia, no he podido morderme la lengua.
Debo decir que las primeras noticias más o menos cercanas de este personaje las tuve cuando recién estaba ingresado en la carrera Fiscal y procedente de la Fiscalía de Cádiz, se vino a Madrid para hacer carrera política. Me refiero a los años 86/86. (Seguirá)